Tradición, Familia y Propiedad – TFP

Una manera súper excelente de consagrarse a Jesús

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Reproducido por TFP-Ecuador el 3 de junio de 2024 

La consagración al Inmaculado Corazón de María es un complemento precioso y admirable que da a la consagración al Corazón de Jesús una realidad y plenitud admirables. Consagrémonos sin reservas a María y así estaremos dentro de las vías deseadas por la Divina Providencia.

Una de las características de la devoción que debemos rendir a la Santísima Virgen consiste, sin duda, en ser tierna. Sin embargo, la devoción no se compone sólo de ternura, de expresiones sentimentales y afectivas. Para ser sólida, debe basarse en conocimientos precisos, exactos y lógicos. Sólo de la verdad bien conocida puede surgir el amor perdurable y sincero, y por lo tanto la piedad debe afirmarse en el estudio de la doctrina católica. Es ahí donde encontrará su mejor fundamento, su verdadera raíz.

Sentido profundo de una consagración

Cuando la Iglesia promueve la consagración de naciones, diócesis, familias o individuos al Sacratísimo Corazón de Jesús, o al Inmaculado Corazón de María, tiene en vista que las criaturas así consagradas formulen la resolución de pertenecer a Ellos de modo particular, obedeciendo más fielmente sus leyes, tomándolos más perfectamente como modelos y, recíprocamente, recibiendo de modo muy especial su particular y vigilante atención.

Por lo tanto, la consagración no es un mero rito o una fórmula vaga para ser recitada en un momento de emoción piadosa. Es, ante todo, un acto meditado, deliberado, voluntario y profundo, que implica el propósito de una integración más perfecta en la doctrina y en la vida de la Santa Iglesia Católica, único modo real de pertenencia a Jesús y María.

Es fácil comprender, pues, que este acto puede ser realizado tanto por personas de altísima virtud como por almas que aún están en los primeros pasos de la vida espiritual. A ambos les será muy útil, porque atraerá una protección muy especial de la Providencia y, por lo tanto, garantías muy particulares de salvación.

Nuestro pueblo comprende fácilmente que alguien se consagre al Sacratísimo Corazón de Jesús. Esta magnífica práctica ya se ha extendido y, gracias a Dios, son muchas las familias que hoy están consagradas al Corazón de Cristo, manifestando el propósito de conformar toda su existencia con la del Salvador, llevando una auténtica vida cristiana llena de piedad, santificando los deberes de estado, viviéndolos con un espíritu intensamente sobrenatural y mortificado, y encomendándose encarecidamente para el éxito de estos propósitos, así como para el obtención de todas las gracias, al Corazón Divino que es, por excelencia, la fuente de todo bien.

Un complemento precioso de la consagración a Jesús

Sin embargo, es menos común que se entienda entre nosotros la consagración al Inmaculado Corazón de María. Tal vez no falten quienes vean en uno y otro acto alguna antinomia. ¿Cómo podemos pertenecer a dos amos al mismo tiempo, obedecer a dos corazones? ¿Acaso una consagración no contradice o anula a la otra?

Nada podría ser más inconsistente. La consagración al Inmaculado Corazón de María es un complemento a la hecha al Sacratísimo Corazón de Jesús; no un complemento superfluo, por supuesto, sino precioso y admirable, que da a la consagración al Corazón de Jesús una realidad y una plenitud admirables.

El Corazón de María es por excelencia el reino del Corazón de Jesús. La unión de los dos Corazones es tan perfecta que hay escritores que, por así decirlo, los funden en uno solo, refiriéndose al Corazón de Jesús y de Ma ría. Toda la piedad mariana descansa sobre esta verdad fundamental de que María Santísima es el canal a través del cual se llega a Jesús, es la puerta, la vida, el camino por excelencia, donde encontramos a Nuestro Señor Jesucristo con mayor seguridad, más rapidez y más facilidad. Por lo tanto, la consagración al Inmaculado Corazón de María es el camino más seguro, fácil y rápido para lograr la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

 De hecho, pronunciar un acto de consagración es fácil. Consagrarse con profunda sinceridad y seriedad es mucho más difícil. Para obtener las condiciones necesarias para una perfecta consagración a Nuestro Señor, no hay nada más perfecto, útil y seguro que consagrarnos a su Santísima Madre.
El cristocentrismo consiste en tener a Nuestro Señor Jesucristo como el centro de todo. 


 Pero esto solo será verdadero si llegamos a Él por el camino verdadero. Y ese camino es Nuestra Señora.

La consagración al Inmaculado Corazón de María es más actual que nunca, porque el mundo, afligido por mil vicisitudes de todo tipo, necesita un corazón materno que se compadezca de él. Más que nunca, entonces, se hace necesario que apelemos al corazón de nuestra Madre, tocando sus fibras más sensibles, sus cuerdas más íntimas, implorando toda su misericordia, todo su amor y toda su ayuda.

Si el Santo Padre Pío XII consagró el mundo entero al Corazón de María, imitemos su gesto, completémoslo, por así decir, consagrándonos sin reservas al mismo Corazón Inmaculado. Estaremos dentro de los deseos del Papa, dentro de los caminos de la Divina Providencia.

 (Extraído de O Legionário nº 575, 15/8/1943)


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