Reproducido por TFP-Ecuador el 4 de julio de 2026
Permitid, oh Madre y Reina nuestra, que presentemos una súplica en la cual depositamos lo mejor de nosotros mismos.
Ved, Señora, cómo vuestro Nombre y el de vuestro Divino Hijo son ultrajados en toda la Tierra por las blasfemias y por la violación continua y ostensiva de la Ley de Dios.
Considerad cómo el inmenso mar de impiedad ya se extendió por todo el Orbe y amenaza cubrir las pocas ruinas que todavía no consiguió abatir enteramente.
Considerad —¡oh, supremo dolor!— que incluso en la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, nuestra Madre infalible, indestructible, santísima e indeciblemente querida, ese mar penetró en proporciones que aturden y afligen nuestras almas.
Mirad, oh Sede de la Sabiduría, cómo tantas almas van siendo devoradas por el demonio en medio de esas tinieblas.
Oh Madre nuestra, no podemos soportar más la visión de este cuadro dantesco. Es vuestra gracia que nos inspira la indignación más ardiente, el rechazo más profundo, la execración más aguerrida contra lo que allí está.
Oh Señora, que sois terrible como un ejército en orden de batalla, venid cuanto antes, os lo imploramos de rodillas, para derrumbar este orden de cosas diabólico, lanzar al Infierno a los demonios, herir, dispersar y aniquilar en toda la faz de la Tierra a los secuaces de él, y, por fin, implantar sobre la piedra angular de la devoción a Vos la era bendita de vuestro reinado en el mundo. Es lo que humildemente os imploramos, pidiéndoos que nos asistáis con vuestra fuerza para que seamos batalladores terribles e indómitos en los días que se aproximan. Así sea.
(Sin registro de fecha. Compuesta, probablemente, en la década de 1960)


