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Ceremonias litúrgicas: canal de gracias

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Reproducido por TFP-Ecuador el 7 de marzo de 2026

Como dice el Concilio de Trento, está en la naturaleza del hombre la dificultad de elevarse a la contemplación de las cosas divinas sin el auxilio de las cosas exteriores. Tal es la razón que llevó a la Santa Iglesia a establecer los ritos sagrados. Por ellos, la majestad de las cosas se vuelve recomendable y la vista de esos símbolos religiosos y piadosos, excita el espíritu de los fieles a la contemplación de los más sublimes misterios.

Las ceremonias sagradas, en efecto, representan, en símbolos sensibles, las realidades invisibles y expresan las grandes verdades de la religión en un lenguaje fácilmente comprendido por todos.

Los ignorantes, los niños incluso, aprenden el sentido de esas enseñanzas que hablan tan vivamente a los sentidos; y los doctos, los contemplativos más profundos, se encantan en leer en ese libro rico de imágenes, la explicación de los más sublimes e inefables misterios.

Sobre todo, además de inspirar respeto por las cosas santas, las ceremonias religiosas traen en sí mismas grandes tesoros de gracias. La fe nos enseña que no podemos practicar ninguna obra meritoria sin el socorro de la gracia divina. Y Dios hace de cada criatura humana un canal y un instrumento de la gracia.

Todos los seres que nos cercan, todos los fenómenos que ellos presentan deberían por si propios producir sobre nosotros únicamente impresiones naturales. Sin embargo, Gracias a la bondad divina, se transforman en ayudas de Dios para la salvación de sus elegidos e impulsan en nosotros pensamientos y sentimientos sobrenaturales.

Ahora bien, además de comunicar sus gracias por intermedio de las criaturas, Dios también las comunica, y muy especialmente, por medio de las ceremonias sagradas.

Cada año, en el ciclo de las solemnidades litúrgicas, la Iglesia recuerda la serie de misterios de la Redención. Así, durante la Cuaresma, la Esposa Mística de Cristo se une por los ayunos y por otras austeridades a Jesús en su Pasión; ella lo sigue en el Calvario y en el misterio de su Muerte. Y en el tiempo pascual, la Resurrección del Señor la llena de alegría.

Cf. “O Legionário” n. 559 del 25/4/1943

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