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Preludio de grandes acontecimientos

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Reproducido por TFP-Ecuador el 8 de julio de 2023

Los grandes acontecimientos de la Historia, aquellos que envuelven una manifestación de la misericordia o de la justicia divina, siempre son precedidos de una larga espera para los que creen en la promesa hecha por Dios.
Oigamos al Dr. Plinio*:

Dios pide a las personas a las que quiere conceder la honra de realizar sus planes, un acto de confianza. Esperar contra todas las apariencias, confiar contra toda probabilidad, ser aparentemente abandonadas por el propio Dios, para después, confirmar su alianza con ellas. El modo como Dios manifiesta su predilección es con la apariencia de un abandono divino.

Las grandes esperas son exactamente el preludio de los grandes dones de Dios; y el profetismo muchas veces envuelve la espera.

La espera profética está compuesta de varios elementos. En primer lugar, de la certeza plena del profundo desorden de las cosas, tal como ellas están. En segundo lugar, en el juego de luces y tinieblas, una participación enorme de todo ser en eso, y una certeza infundida por lo sobrenatural, una espera de que vendrá un día en que la luz aplastará las tinieblas y las vencerá.

Esta espera profética trae consigo un rechazo completo a la Revolución. En relación a la Revolución debemos tener una separación, una alteridad, un no poder vivir dentro de ella; de aquí nace un deseo ardiente del día en que ella acabe, del día de la punición, del día de la ira, del día del castigo.

Hay una frase muy bonita de la escritura: “Centinela, ¿Qué ha habido esta noche?” (Is. 21,11). Lentamente yo veo en el horizonte una luz que se va tornando cada vez más intensa – la respuesta es siempre la misma… “Pero, respóndeme otra cosa centinela: ¿Cuánto tiempo le tomará a esta luz para iluminar el horizonte entero?” Y la respuesta es: “‘Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo…’ Recemos para que Nuestra Señora intervenga, porque de repente la luz comienza a brillar más.”

¡Ese es el drama de la espera profética, es la sangre, la incógnita, el peso de la belleza de nuestra vida, porque es la cruz de nuestra vida!

Tengo la impresión de que los católicos en las catacumbas también sabían que un día la iglesia saldría de los subterráneos. Mientras tanto, había persecuciones. Después de días de intervalo y de quietud: “¿Será la Hora? Salen de las catacumbas, está reinando Calígula… ¡regresan, nueva persecución!

Un bello día, está reinando Constantino…
La salida de la Iglesia de las catacumbas tiene todas las glorias de la Resurrección de Cristo. Los fieles sacan sus objetos de culto de las catacumbas, reliquias de mártires, etc., y comienzan a instalarse a la luz del día; ¡imaginen el aspecto pascual de este hecho, la belleza de esto!

También de nosotros Dios quiere que estemos convencidos de que su día vendrá en nuestros días, pero vendrá muy de repente.

* Extractos de conferencias de 25/7/1968, 18/9/1972 y 22/7/1973

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