Reproducido por TFP Ecuador el 17 de febrero de 2026
En una sala junto a la Iglesia de la Piedad, en Salvador [Brasil], religiosos capuchinos permitieron que se instalase una boutique en la cual se venden objetos unisex, entre los cuales bikinis.
Como bien se puede imaginar, la iniciativa causó escándalo a muchos frecuentadores del templo.
Fray Benjamín Capelli explicó que el alquiler de la tienda garantiazará mayor disponibilidad de renta para las obras asistenciales de la parroquia.
Dándose cuenta tal vez de la inconsistencia de la alegación – pues la inmoralidad del medio no se justifica por la licitud del fin – Fray Bruno Rossi adujo otro argumento: “Sólo lamento – dijo él – que algunos de nuestros hermanos, ciertamente firmes y radicales en la fe, se escandalicen con tanta facilidad y alimenten preconceptos tan pueriles. Es interesante y sintomático que frailes tradicionalmente austeros como los capuchinos no hayan percibido la inconveniencia de la cuestión. ¿Será que no llegó la hora de derrumbar falsos preconceptos?”.
Esos datos son extraídos de una noticia del “Jornal do Brasil”, del 5 de diciembre pasado.
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Que yo sepa, la información no fue desmentida. Me sentiré muy alegre si alguien me escribe que el hecho noticiado no es verídico. Me comprometo desde ya a hacer saber el desmentido a los lectores.
Dudo, entretanto, que sea dado. Y así voy adelantando mi comentario.
Cuando, hace unos meses, publiqué una noticia de un convento de religiosas de España que fabricaba bikinis, causé entre los lectores explicable sensación. Y aunque nadie osase desmentir tan insólita noticia, no faltó que la juzgase dudosa; tanto escándalo no podía ser.
Ahora, caso análogo estalla en Salvador. Pues no hay tanta diferencia entre fabricar bikinis y venderlos.
Sin embargo, ni del caso español, ni del de Bahía, la inmensa mayoría de las personas saca las conclusiones debidas.
Una de éstas, entretanto, salta a los ojos. Si desde su fundación hasta nuestros días la Iglesia consideró con horror el nudismo – del cual el bikini es una de las manifestaciones más agresivas – y si, en nuestros días, entidades eclesiásticas fabrican y venden bikinis, una de dos:
1) o la Moral católica cambió totalmente, y entonces la Iglesia no es infalible ni divina;
2) o esas entidades eclesiásticas – al afirmar, implícita pero ostensivamente, la legitimidad del bikini – adulteran la enseñanza de la Iglesia, y por sí mismas se excluyen de ésta.
Ahora, como la primera hipótesis es completamente inaceptable, la segunda se impone.
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No tengamos miedo de ver la verdad de frente. Este tema – del nudismo – levanta una pregunta que va mucho más allá del caso de los dos conventos “bikinistas”.
Es absolutamente imposible que el uso del bikini y de otras formas de franca agresión sexual se haya generalizado tanto, sin que haya muchos directores espirituales que concedan la absolución a personas que, por su modo de vestirse, no podrían recibirla. A ellos también la pregunta debe ser hecha. – Si creen que la Moral de la Iglesia cambió, ¿cómo aún se dicen católicos? Y si permiten a sus penitentes femeninas que usen bikini, ¿con qué derecho se presentan como sacerdotes católicos?
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Obviamente, la pregunta va aún más lejos. De las personas del sexo femenino que participan de la agresión sexual, incontables aprendieron, con el Catecismo, que la Moral católica no cambia.
– Si ellas consideran que cambió, ¿cómo pueden admitir la infalibilidad y la divinidad de la Iglesia?
– Y si consideran que no cambió, ¿cómo quieren ser tomadas como católicas?
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Pero –dirá alguien– usar bikini es pecado contra el 6º o el 9º Mandamiento, conforme el caso. Con todo, una persona no peca contra la Fe por violar uno de esos Mandamientos. Luego, mi argumentación no tiene base.
Evidentemente, no digo que quien confecciona o vende bikinis, o los usa, peca contra la Fe. Pero quien afirma, implícita o explícitamente, que la Moral de la Iglesia cambió, éste sí, peca contra la Fe.
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Y de ahí una pregunta que, también a propósito de la conducta frente al comunismo y de diversos otros asuntos, puede ser hecha: ¿quién todavía es católico apostólico romano dentro de ese inmenso magma de 600 millones de personas – cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos – habitualmente tenidos como miembros de la única e imperecedera Iglesia de Dios?
Publicado en «Folha de S. Paulo», 5 de enero de 1975.


