Tradición, Familia y Propiedad – TFP

Reina de los ángeles y enemiga inexorable de los demonios

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Reproducido por TFP-Ecuador el 26 de septiembre de 2026

Cuando consideramos el poder de la Revolución, el modo por el cual ella se propagó por el mundo y, más que eso, su ferocidad intrínseca, llegamos a la conclusión de que eso no podría haber sucedido sin la acción del demonio.

La Revolución se muestra en toda su maldad en las épocas en que ella actúa, dejando caer su máscara. Así se dio, por ejemplo, por ocasión del protestantismo, durante la Revolución Francesa y en la explosión comunista en Rusia.

Esa maldad se manifiesta en la crueldad hacia sus víctimas. Sin embargo, ese no es el peor aspecto de la Revolución, pero sí la misma ideología revolucionaria, que muestra sus consecuencias durante las grandes crisis.

Si pensamos en todo cuanto la Revolución tenía contra sí cuando tuvo su inicio en la Edad Media y, no obstante, fue minando el edificio medieval hasta llegar hoy al auge de su dominio, comprendemos que nada de eso podría haberse dado si no hubiese un creciente poder satánico que, también este, llegó a su auge en nuestros días.

La actual degradación revolucionaria de la humanidad atesta como el demonio se tornó el señor de este siglo infeliz en el cual vivimos. Estamos, por tanto, en una época de tremenda infestación diabólica.

En consecuencia, nuestra acción nunca será completa si no tiene el carácter de una lucha contra el demonio, lucha que solo puede ser trabada con el amparo de Nuestra Señora, pues a ella le fue dado el poder de aplastar y expulsar los demonios, lo que la Virgen hace por medio de los ángeles.

¿Por qué a través de los ángeles? Porque Dios quiere actuar por intermedio de sus criaturas. Cuando se revelaron los ángeles, Dios podría haber expulsado a Lucifer y a sus secuaces por una simple orden de su divina voluntad, pero quiso que los espíritus fieles expulsaran a los infieles, habiéndose trabado entonces la gran guerra en el cielo, la primera batalla de la historia de la creación, que redundó en la expulsión de los demonios y en su precipitación en el infierno.

Así también la Santísima Virgen quiere expulsar de la tierra los espíritus malignos por medio de los ángeles. Invocarla como Reina de los Ángeles es, pues, sumamente adecuado porque, siendo enemiga inexorable de los ángeles rebeldes, ella ordena a los ángeles fieles, de los cuales es Reina, que expulsen a los demonios.

En este combate, nuestros mayores aliados son Dios, María Santísima y los ángeles; y el único factor decisivo de nuestra victoria es la gracia. De donde se deduce que una acción ordenada para expulsar los demonios debe desarrollarse a partir de la oración.

Pidamos, antes de todo, que Nuestra Señora nos libre de la acción diabólica y, para eso, nos arranque el espíritu revolucionario, el cual es una participación del demonio, y nos restituya la inocencia y la integridad de espíritu contrarrevolucionario, dones estos de los mayores que ella puede conceder.

Recemos a la Reina de los Ángeles, enemiga irreconciliable de los demonios, para que los ángeles vengan en nuestro auxilio, expulsen de nosotros y de la tierra el poder satánico, de forma que se establezca una de las condiciones más fundamentales para el establecimiento del Reino de María.*

* Cf. Conferencia del 22/7/1967

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