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Slogans revolucionarios: La virtud oprime, entristece y frustra

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Los revolucionarios tienen habilidad para justificar sofismas detrás de los cuales niegan o rechazan principios del bien, de la verdad y de la virtud. Usualmente acuñan slogans y clichés que a fuerza de repetirlos y divulgarlos los quieren transformar en verdades absolutas. De esa manera han enmascarado e impulsado las transformaciones revolucionarias a lo largo de la historia, igual que el demonio son los padres de la mentira, porque si mostrasen por entero el fin que se proponen la reacción sería inmediata. Esto lo han aplicado en todos los campos del pensar y del quehacer humano, ya sea en el ámbito filosófico, político, social o moral. La mentira y el engaño han sido una de sus armas preferidas y eficaces para corromper la sociedad y alcanzar sus propósitos.

Un ejemplo claro de esto lo podemos palpar cuando se habla de las transformaciones de las costumbres que sobrevinieron a la Revolución de la Sorbona en París durante mayo de 1968 cuyo lema era “PROHIBIDO PROHIBIR”, es decir una proclamación de que todo lo que estaba marcado por el límite del bien contra el mal se lo podía realizar sin restricciones, o también durante el festival realizado en Woodstock, Estados Unidos en 1969, en que durante 5 días de sexo, alcohol y droga al son del rock and roll, fueron el marco del movimiento hippy que también era un voltear de página en las ideas y costumbres de la sociedad. Fue un desdoblamiento de lo que se había proclamado en mayo del 68.  España perdió su identidad de país católico, otrora conocido como la espada de la cristiandad; amplios sectores de su sociedad claudicaron adhiriéndose al pacto de la Moncloa (1977), impulsado por el entreguista Adolfo Suarez, del partido Centro Democrático y Social, de tendencia moderada y centrista, papel que han asumido todos los tibios de la historia, desde la lucha angélica trabada en el Cielo en la que la proclama de ¡Quién como Dios!, encabezada por el Arcángel San Miguel, derrotó al rebelde y fracasado Lucifer y a las legiones de ángeles que no defendieron a Dios desde el primer momento de la lucha y en una actitud tibia tomaron el partido de satanás. Con este pacto político, económico, social, se abrió campo al famoso y conocido destape español, que no fue sino el inicio del libertinaje y degradación de las costumbres en la sociedad española.

En estas instancias del proceso revolucionario, según ellos, estaría la felicidad: disfrutar la explosión de pasiones desordenadas; son peldaños de la misma escalera que en lugar de conducir a la sociedad hacia arriba, símbolo de la elevación del espíritu, de la virtud y de la cultura, en suma de la fidelidad a Dios, han precipitado al mundo al abismo de la decadencia.

Es habitual escuchar sobre todo a los tibios una banal justificación de las transformaciones que se dieron a raíz de los episodios mencionados; su slogan con el que defienden esos horrores lo enuncian con la siguiente formulación: La sociedad está reprimida, no puede mostrar ni realizar sus apetencias, vive frustrada o en la hipocresía, simulando lo que no piensa ni quiere, necesita libertad para ser feliz, los moralismos asfixian a la gente, acabemos con los preconceptos y hagamos lo que nos viene en gana sin restricciones morales, basta de represión, así seremos felices.

Quedando dicho así, que la práctica de la virtud cristiana es aburrida, triste y lleva a la infelicidad.  

¿Qué respondemos a esta afirmación?

Para refutar esta gran mentira transcribo trechos de conferencias del Dr. Plinio Correa de Oliveira hablando sobre el tema.

CUANDO LA AFLICCIÓN DE SU CORAZÓN ERA GRANDE COMO EL MAR, SU GOZO NO DEJÓ DE SER INMENSO COMO EL CIELO” “MARÍA A QUIEN LA IGLESIA LA INVOCA COMO CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA, NO DEJÓ NUNCA DE DISFRUTAR DE UNA ALEGRÍA INDECIBLE. NI SUS DOLORES POR GRANDES QUE FUERAN ERAN CAPACES DE QUITARLE ESE GOZO” PCO

No se puede poner mayor ejemplo de felicidad, como el de la propia Virgen María, quien fue la criatura que más sufrió con la muerte de Jesús su Hijo, el propio Dios, siendo la Criatura más virtuosa de la creación; es ahí que está la fuente de su felicidad.

En otros artículos comenta Plinio Correa de Oliveira: “NO ES EL TENER DINERO NI MUCHO MENOS EL EXCESO DE LUJO LO QUE DA A UN HOMBRE LA MEDIDA DE LA FELICIDAD POSIBLE EN LA TIERRA. POR EL CONTRARIO, ES LA MORTIFICACIÓN, EN LA SOBRIEDAD, EN LA SERIA Y EFECTIVA INTEGRACIÓN EN UNA NORMAL Y, A VECES, DOLOROSA VIDA COTIDIANA QUE EL HOMBRE ADQUIERE ESE VIRTUOSO BALANCE QUE LE PERMITE EL PLACER DE VIVIR”.

La felicidad de los niños, Plinio Correa de Oliveira indica que se sustenta en la virtud de la inocencia: “HAY UNA ESPECIE DE FELICIDAD CELESTIAL, QUE SURGE DE LA IDEA DE QUE FUE COLOCADO EN UN PARAISO INOCENTE DONDE TODO PARECE PERFECTO” “ES LA NOCIÓN DE INOCENCIA PRIMARIA, LA PRIMERA INOCENCIA QUE NOS LLENA DE ENTUSIASMO POR LAS COSAS QUE REALMENTE MERECEN ADMIRACIÓN Y TAMBIÉN NOS LLENAN DE FELICIDAD”

Santo Tomás de Aquino demostraba que la felicidad viene de las prácticas que nos aproximan a Dios, menciona que el alma es espiritual y que si la felicidad fuese solo fruto de los placeres materiales el alma nunca podría ser feliz y el ser humano no se realizaría. “LA FELICIDAD VOLUPTUOSA – QUE CONSISTE EN LA ACUMULACIÓN DE RIQUEZAS Y EN LA SATISFACCIÓN DE LAS PASIONES – POR SER FALSA Y CONTRARIA A LA RAZÓN ES IMPEDIMENTO DE LA BIENAVENTURANZA FUTURA, EN CAMBIO, LA FELICIDAD DE LA VIDA ACTIVA RADICA EN LA PRÁCTICA DE LAS VIRTUDES MORALES” (Suma Teológica, I-IIa,q.69,a.3).

Uno de los grandes méritos de los pensadores de la antigua Grecia fue privilegiar las explicaciones de la razón para la existencia, dejando de lado el pensamiento cosmológico y preternatural de otros pueblos. Aristóteles decía: “LA FELICIDAD RESULTA SER UNA ACTIVIDAD DEL ALMA DE ACUERDO CON LA VIRTUD”, LA FELICIDAD PERTENECE A LA VIDA INTELECTIVA NO A LA SENSTIVA NI NUTRITIVA, y supeditaba la consecución de la felicidad a las prácticas éticas, “EL SUJETO ÉTICO CON SU BUENA ACTUACIÓN CONSEGUIRÁ LA FELICIDAD”

Podría citarse una colección interminable de demostraciones de que la virtud y la felicidad van de la mano, considero que las expuestas bastan para desenmascarar la falacia revolucionaria de que la virtud cristiana está reñida con la felicidad, por el contrario el vicio y el pecado frustran al ser humano.
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